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Melodía sin palabras

Decían que todos los cuernos de rinoceronte no eran más que cuernos, pero el suyo era un instrumento.

Breve descripción de la obra de arte

La melodía sin principio

Decían que todos los cuernos de rinoceronte no eran más que cuernos, pero el suyo era un instrumento.

Cada vez que una suave brisa se colaba entre las rocas y rozaba la curva de su cuerno, se oía un sonido. No era ni el sonido de la guerra ni una advertencia, sino una nota tan delicada como el agua caliente rozando la piel fría.

Y el rinoceronte empezó a preguntarse.

Un día levantó la cabeza hacia el cielo y se preguntó:

«¿Cuándo se escuchó la primera nota del mundo? ¿Antes de que existieran los instrumentos? ¿Antes de que existiera la humanidad? ¿Antes de que el corazón aprendiera a latir rápido o despacio?»

Nadie sabía la respuesta. Pero encontró a tres compañeros que, igual que él, no oían los sonidos con los oídos, sino con el alma.

Una mujer ciega no podía ver el mundo, pero sí podía sentir el color del sonido. Dijo que las melodías a veces eran azules, otras doradas y otras de un tono que no tenía nombre.

Un payaso mudo no podía hablar, pero el más mínimo movimiento de su dedo podía acallar a toda una orquesta o hacerla arder en llamas.

Y un chico sordo entendía el ritmo porque su corazón a veces latía a toda velocidad y otras veces latía tan suavemente como la lluvia.

Los cuatro se pusieron en marcha juntos, acompañados de globos tan ligeros como los pensamientos humanos que se elevaban hacia el cielo y de peces que se dejaban llevar por el agua como frases sin terminar.

Dondequiera que soplara el viento, sonaba la trompa. Cada nota que no se oía se les metía en el corazón y cobraba vida.

Entonces se dieron cuenta de que:

La primera nota ni siquiera había empezado. Siempre había existido: con la primera ola, el primer aliento, la primera mirada y el primer amor silencioso.

El sonido no se inventó. Se descubrió.

A partir de ese día, el rinoceronte dejó de intentar aprender a jugar.

Empezó a sentir.

Y, por primera vez, el silencio se convirtió en una canción.

Wordless Melody — oil painting on canvas by Mahshid Moochani, 2025

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