Dicen que cada persona tiene un don oculto: no está guardado en un cofre, sino en algún lugar entre el corazón y la imaginación.
Otras obras de arte que quizá te interese ver
Dicen que cada persona tiene un don oculto: no está guardado en un cofre, sino en algún lugar entre el corazón y la imaginación.
Dicen que cada persona tiene un don oculto: no está encerrado en un cofre ni enterrado en el pasado, sino que descansa en algún lugar entre el corazón y la imaginación.
Un día, dos hermanas decidieron buscar ese regalo. No se iban a quedar esperando; se iban a poner en marcha para buscarlo.
Uno se subió a lomos de un hipopótamo manso y el otro, a un rinoceronte poderoso. Entre ellos había un gran cubo: ni abierto ni olvidado, simplemente esperando.
Cruzaron el agua. El pez sabía escuchar en lugar de hablar, mientras los globos flotaban por el cielo como pensamientos liberados.
Nadie sabía qué regalo podría ser. ¿Era felicidad, valor o quizá un recuerdo?
Pero el viaje me fue susurrando poco a poco la respuesta:
El regalo no era el objetivo. Era el camino en sí mismo.
Cuando llegaron, no hubo ningún destello de luz ni se oyó el sonido de una cerradura al abrirse.
El regalo no se había abierto dentro del cubo. Se había abierto en sus corazones.
El mejor regalo del mundo no es algo que se abre: es lo que vas descubriendo por el camino.