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Safari Lady

En algún momento, quiso poner a prueba su fuerza, no a través de la riqueza, los aplausos o la mirada de los demás, sino a través de sí misma.

Breve descripción de la obra de arte

En algún momento, le entraron ganas de poner a prueba su fuerza.

No a través de la riqueza, los aplausos ni la mirada de los demás, sino a través de sí misma.

Un día, mientras los globos se deslizaban lentamente por el cielo, sintió algo:

«Hace falta silencio».

Quizá quería descubrir qué quedaría cuando todo lo demás hubiera desaparecido. Así que soltó la cuerda con el lazo, se hizo a un lado, hizo callar a la multitud y eligió un camino: el desierto.

Lo dejó todo atrás: vestidos brillantes, joyas, poder, todo ese espectáculo. Solo quedaban ella y el rinoceronte; ya no era un porteador, sino un compañero.

El primer día, el sol pegaba fuerte. El viento era seco y la tierra estaba en silencio. Nadie aplaudió. Nadie gritó «¡Bravo!».

Entonces se dio cuenta de que quizá la fuerza no sea una prueba, sino una liberación.

La tercera noche, sentada en la arena bajo la pálida luz de la luna, oyó al viento susurrarle un secreto:

«Déjalo ir. Haz espacio para que puedas quedarte».

En ese momento se dio cuenta de que la fuerza no viene de tener cosas, sino de dejar a un lado tus cargas.

Mientras contemplaba el cielo hasta el amanecer, se dio cuenta de que el viaje no había hecho más que empezar: no era un viaje para ganar, sino para encontrar la paz.

Safari Lady — oil painting on canvas by Mahshid Moochani, 2025

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